Point 3(a): Structural Adjustment(communication écrite)

Seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y del vigésimo cuarto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General: tema prioritario: examen de la ulterior aplicación de las decisiones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y los resultados del vigésimo cuarto período extraordinario de sesiones de la Asamblea General


Declaración presentada por la Elizabeth Seton Federation y la International Presentation Association of the Sisters of the Presentation, organizaciones no gubernamentales reconocidas como entidades de carácter consultivo especial por el Consejo Económico y Social

El Secretario General ha recibido la siguiente declaración, que se distribuye de conformidad con los párrafos 36 y 37 de la resolución 1996/31 del Consejo Econó­mico y Social, de 25 de julio de 1996.

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Ajuste estructural, cooperación internacional y asociaciones

Sabemos que no somos responsables de las decisiones y compromisos interna­cionales que influyen en la calidad de vida en todo el mundo. Esa difícil labor les corresponde a ustedes, como Estados Miembros de las Naciones Unidas. Nos com­place que en varias reuniones de las Naciones Unidas se haya señalado que las aso­ciaciones son un elemento fundamental para acabar con las desigualdades que divi­den nuestro mundo. Colaboraremos con ustedes de buen grado para hacer frente a la crisis más acuciante que afecta a la comunidad humana, la pobreza duradera y des­tructiva. Hacemos nuestra la reciente declaración del Grupo de los 77 y China en relación con la aplicación de los resultados de la Conferencia de Monterrey (A/C.2/59/L.4).

La globalización afecta a todas las personas y naciones, aunque de forma dife­rente. Consideramos que los programas de ajuste estructural, la cooperación interna­cional y las asociaciones (compromisos de Copenhague 8 y 10) contribuyen a aliviar los sufrimientos de casi un tercio de nuestros hermanos y hermanas que viven en condiciones de extrema pobreza. En el compromiso 8 de la Declaración de Copen­hague se afirma lo siguiente: “Nos comprometemos a velar por que los programas de ajuste estructural que se acuerden incluyan objetivos de desarrollo social, en par­ticular, la erradicación de la pobreza, la generación de empleo pleno y productivo y la promoción de la integración social”.

La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social y, cinco años más tarde, la Cum­bre del Milenio, fueron importantes avances en la lucha contra la pobreza extrema y el sufrimiento y la muerte que ésta trae consigo y el daño que causa al bienestar y la seguridad del mundo.

Creemos que la cooperación internacional y los enfoques del ajuste estructural centrados en la persona son instrumentos poderosos que contribuyen a que el mundo sea un lugar más equitativo, saludable y, por consiguiente, más seguro.

Deseamos tratar tres cuestiones:

  1. La voluntad política
  2. Las asociaciones reales
  3. La armonización de las necesidades sociales y la formulación de políticas económicas.

Voluntad política

Señalamos que el Secretario General1 ha hecho referencia recientemente en numerosas ocasiones a la falta de voluntad política y al incumplimiento por parte de los Estados Miembros de las promesas de hacer lo necesario para acabar con al azote de la pobreza. Sin embargo, las diferencias entre los ricos y los pobres siguen aumentando.

Las palabras “pobreza y “los pobres” pueden llegar a estar desprovistas de toda emoción y ocultar el grado de sufrimiento que invade el hogar en que conviven demasiadas personas. Los miembros de nuestras organizaciones en todo el mundo nos recuerdan que esta Comisión se ocupa de 1.600 millones de personas de carne y hueso. Queremos defender a los más vulnerables: las mujeres que aún soportan la carga más pesada de la pobreza, los pueblos indígenas que se ven forzados a seguir viviendo entre las sombras, quienes carecen de acceso a la educación y están enca­denados por ello a la pobreza, las comunidades destruidas por el VIH/SIDA. Detrás de cada estadística que represente a los 1.600 millones de personas que viven en condiciones de extrema pobreza, hay una cara, un nombre y una historia.

Agradecemos la labor realizada por muchos países pobres para satisfacer las exigencias de las naciones más ricas y las instituciones financieras internacionales, para atraer los recursos esenciales de que carecen. Creemos que los países desarro­llados deben responder a este esfuerzo positivo y cumplir los compromisos financie­ros y en materia de recursos que han contraído.

Tomamos nota de las palabras que dirigió José Antonio Ocampo a la Segunda Comisión en octubre de 2004, cuando señaló que los dirigentes mundiales les ha­bían recordado recientemente que la persistencia de la pobreza y el hambre extre­mos eran un fenómeno irracional desde el punto de vista económico e intolerable desde el punto de vista político y que los obstáculos no eran la tecnología, el dinero ni la geografía, sino la fuerza de voluntad y el valor.

Quisiéramos añadir que es insostenible desde el punto de vista moral.

La ingente financiación de las guerras, la lucha contra el terrorismo y la segu­ridad obstruyen con demasiada frecuencia el programa para el desarrollo. Se han destinado dinero y recursos para satisfacer estas necesidades a expensas de la asis­tencia para el desarrollo. Así que, la erradicación de la pobreza sigue siendo el men­digo que se alimenta de sobras. La seguridad y la lucha contra el terrorismo son los principales motivos de preocupación de algunos países, pero no de todos. Se plan-tea, pues, una pregunta crucial, ¿quién establece el programa de las Naciones Uni­das, de forma que se aborden las preocupaciones de todos los Estados Miembros, en particular los más pobres y vulnerables?

A medida que se acelera el ritmo de la globalización, no hay foro en el que los grupos de presión que representan el mundo empresarial y los que abogan por la justicia mundial puedan debatir o conversar. En un mundo cada vez más incierto de­bemos evitar que se siga acentuando la polarización. Las Naciones Unidas, como “hogar común” de todos los pueblos, ¿abrirán sus puertas para convertirse en el foro que acoja a todos los protagonistas? La globalización y sus normas, indebidamente influidas por la empresa privada y sin la influencia moderadora de otros puntos de vista, son peligrosas.

Liberar a hombres, mujeres y niños de carne y hueso de la prisión de la pobreza no es caridad, es justicia.

Les exhortamos e instamos a convertir los compromisos en realidades.

Auténticas asociaciones de colaboración

En palabras de Juan Somavia, Director General de la OIT, para que sea posible una globalización justa necesitamos no sólo la comunidad internacional integrada únicamente por los Gobiernos, sino la comunidad mundial en la que participan los Estados y los principales agentes de todos los sectores de la vida.

Reconocemos que existen áreas de responsabilidad y competencias claramente definidas a la hora de abordar la crisis. Todos y cada uno de nosotros, como ciuda­danos de este planeta, somos responsables de su bienestar. No obstante, una auténti­ca asociación de colaboración exige una mayor igualdad en la mesa de negociación. Creemos que la asociación es tanto una oportunidad como un reto: una oportuni­dad, si aprendemos nuevas formas de trabajar juntos para mejorar la salud y seguri­dad futuras de cada uno de nosotros; y un reto, el de superar la renuencia a convo­car a todos los protagonistas a la mesa de negociación, especialmente a las personas pobres, las mujeres, los indígenas y las organizaciones no gubernamentales.

Creemos que las asociaciones necesitan:

  • Unas relaciones mejores y más equitativas entre las instituciones financieras internacionales y los países endeudados.
  • Cambios en el reparto de poderes en la OMC, el Banco Mundial y el FMI. Los países más pobres deben participar activamente en las decisiones que les afec­tan y en las que afectan al bienestar de sus ciudadanos.
  • Un intercambio más eficaz entre las instituciones de Bretton Woods, las Naciones Unidas y sus organismos especializados.
  • Más reuniones conjuntas de la Segunda y la Tercera Comisiones para garanti­zar la coherencia entre las decisiones económicas y sociales.
  • Una mayor colaboración entre los gobiernos, las organizaciones no guberna­mentales, el sector privado y el resto de las partes interesadas, en particular los pobres, para formular políticas y evaluar resultados.

Integración de las necesidades sociales en la política económica

Las exigencias normativas impuestas por las instituciones financieras interna­cionales plantean dificultades a los ministros de finanzas de los Estados en desarro­llo que intentan alcanzar un equilibrio en los presupuestos estatales. Muchos países en desarrollo afirman que deben destinar porcentajes considerables (hasta un 60%) de su PIB al pago de la deuda externa. ¿Cómo podemos alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio si no cambia esta situación?

Reconocemos que existen muchas cosas que escapan al control de los gobier­nos, pero hay otras que ustedes sí pueden controlar.

La coherencia normativa y una mayor armonización en los países donantes y entre ellos, como asociados para el desarrollo, ayudará a los países más pobres a conseguir un desarrollo más equitativo. En lo que respecta a los gobiernos naciona­les, todos los ministerios deberían compartir un programa para el desarrollo que sea fiel a lo estipulado en la Declaración de Copenhague y los objetivos de desarrollo del Milenio. Esta coherencia normativa debe ampliarse también al comercio. Los países más pobres, con pocos recursos, pueden verse perjudicados por planteamien­tos, modelos y exigencias divergentes o contradictorios procedentes de las diferen­tes fuentes de financiación.

Debe respetarse la realidad concreta de cada país. Las necesidades y los recur-sos de los países son diferentes. En la actualidad el Banco Mundial y el FMI exigen a los países pobres que presenten documentos de estrategia de lucha contra la po­breza (DELP) como requisito previo para recibir préstamos. Muchos países necesi­tarán ayuda exterior para poder hacerlo.

En la actualidad se están llevando a cabo las primeras evaluaciones de los DELP. Es evidente que las necesidades sociales de su población no constituyen una clara prioridad en los DELP de muchos países. Los rigurosos recortes en el gasto público, la privatización obligatoria de empresas de servicios públicos y el principio de “el usuario paga” son a menudo moneda corriente. Los términos y condiciones con los que se han diseñado los DELP son indicio de que aún no son el resultado de una auténtica asociación de colaboración.

Existe una grave falta de conexión entre las políticas macroeconómicas exigidas a los países en desarrollo y las iniciativas para erradicar la pobreza. ¿Podríamos tomar ejemplo de Ghandi y preguntarnos cómo afectará esta política a los más pobres?

Nos dirigimos ahora a los países de la OCDE.

  • Los movimientos no controlados de capital extranjero hacia y desde los países plantean un grave problema.
  • Les instamos a que tomen la iniciativa para elaborar de mutuo acuerdo unas normas vinculantes para controlar las corrientes de fondos externos.
  • Les recomendamos que informen a los funcionarios de sus países sobre las juntas ejecutivas de las instituciones financieras internacionales y la OMC para que sus decisiones sobre normas financieras y de mercado se inspiren en los principios formulados en Copenhague, Nueva York o Monterrey, entre otros.

El Banco Mundial y el FMI dicen que desean ayudar a los países en desarrollo endeudados a encontrar el lugar que les corresponde en el mercado mundial en pie de igualdad, pero esto nunca ocurre. En los últimos 25 años han surgido las discre­pancias más insalvables de la historia de la humanidad en las formas de distribución de la riqueza entre los países, lo cual exige una atención inmediata si se desea al­canzar en el plazo estipulado los objetivos de desarrollo del Milenio.

Recomendaciones normativas

  1. Que la secretaría y el proceso de financiación para el desarrollo se conso­liden como el motor del diálogo y la adopción de decisiones entre los go­biernos, las regiones, las organizaciones no gubernamentales y las institu­ciones financieras internacionales. Que la secretaría de financiación para el desarrollo establezca grupos de trabajo en los que participen todas las partes interesadas, sobre cada tema de las políticas macroeconómicas y sociales.
  2. Que los gobiernos cumplan sus promesas de recursos financieros y ofrez­can asistencia técnica y jurídica sobre, entre otras cosas, el trabajo en las sociedades transnacionales, el VIH/SIDA y los derechos laborales.
  3. Que todos los programas de ajuste estructural velen por que sigan exis­tiendo programas sociales dirigidos a las personas confinadas a los már­genes de la sociedad.
  4. Que la Segunda y la Tercera Comisiones celebren reuniones conjuntas más frecuentes para lograr la integración de las políticas sociales y económicas.
  5. Que las repercusiones sociales de las decisiones de política económica sean parte integrante de las negociaciones que celebren las juntas ejecutivas de las instituciones financieras internacionales y la OMC.

Las siguientes organizaciones no gubernamentales reconocidas como entidades de carácter consultivo especial por el Consejo Económico y Social hacen suya esta declaración:

Asociación Internacional de Caridades
Asociación Internacional de Escuelas de Servicio Social
Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor
Congregations of St. Joseph
Dominican Leadership Conference
Familia Franciscana Internacional
Federación Internacional de Centros Sociales y Centros Vecinales
Hermanas de la Misericordia de las Américas
Hermanas de Nuestra Señora de Namur
Sociedad de Médicos Misioneros Católicos
Unión Internacional de las Ciencias Antropológicas y Etnológicas
VIVAT International
Oral, Written or Summary: 
Meeting Year: 
2005
Meeting: 

csocdev05

Commission for Social Development (43rd Session) 2005
Meeting Name: 
Commission for Social Development (43rd Session) 2005