La famille : un acteur essentiel de la société d'aujourd'hui

La Misión de la Familia como Formadora de la Persona

y de Sustento de la Estabilidad Social

Amenazada por la Aprobación de la nueva Ley Laboral

 

Homilía de Fray Raúl Vera, O.P., Obispo de Saltillo

Saltillo, Coah., 7 de octubre de 2012

“Desde el principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer, por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán un solo ser” (Mc 10,6-8)

 El Matrimonio en la mente y el corazón de Dios

Este domingo la palabra de Dios nos coloca ante la realidad de nuestro país para interpelarnos a trabajar a favor de la justicia y el desarrollo integral de los hombres y las mujeres que viven en México. Ante la polémica desatada sobre el tema del trabajo y las trabajadoras y los trabajadores, Dios nos habla hoy especialmente de la familia y el papel que debe desempeñar en la construcción de una sociedad sana, que la proteja por medio de leyes justas.

En la parte del libro del Génesis que escuchamos está descrita la creación del hombre y la mujer, y aunque el texto de dicho libro que se nos ha presentado hace referencia a la manera como fue creada la mujer a partir del hombre (Cfr. 2,21-22)), si nos vamos a los versículos anteriores al texto que se nos propone este Domingo como Primera Lectura, vemos como Dios hizo del polvo de la tierra al hombre, lo dotó de un espíritu racional y lo puso al frente del mundo creado para que lo labrara y cultivara (Cfr.Gn 2,7.15).

En el texto proclamado se nos presenta a Dios que le pone una ayuda al hombre para labrar y cultivar la tierra, un primer auxilio lo recibió de todos los animales del campo y las aves del cielo. Pero entre ellos no encontró el hombre una ayuda adecuada, entonces Dios hizo caer en un sueño profundo al hombre y le saco una de sus costillas y de ahí modeló a su mujer. En ella sí encontró una ayuda adecuada, a la altura de su condición racional por eso, continúa el texto, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán un solo ser (Cfr. Gn 2,18-24).

Por supuesto que ella entró de lleno en todo el proyecto que Dios le había encomendado al hombre de administrar la creación que Dios puso al servicio de ambos, como lo dice la primera narración bíblica de la creación que reporta el génesis. Dios pone a ambos frente al proyecto de administración y transformación del mundo (Cfr. Gn 1,27-30)). En el texto que hoy hemos escuchado, donde simbólicamente se afirma que la mujer proviene de una costilla del hombre, y que Dios no sustituyo esa costilla, sino que el hueco lo rellenó con carne, la Iglesia entiende que el hombre y la mujer tienen una naturaleza igual dentro del orden de su especie y, por tanto, la única e idéntica dignidad que corresponde a la naturaleza humana y que ambos, recíprocamente, dependen el uno de la otra y viceversa.

La Iglesia y al mismo tiempo una recta comprensión del orden social en las ciencias humanas, siempre han visto en la familia que surge de la unión del hombre y la mujer, el principio de la cohesión y estabilidad social; ella es la institución forjadora de los valores en la persona y la educadora en la fe, porque es la primera evangelizadora del niño o la niña.

La común dignidad del hombre y la mujer dentro del matrimonio

Cristo insiste en el Evangelio que se ha proclamado del día de hoy (Cfr. Mc 10,2-16), que no debe destruir el hombre la unidad que se establece entre los esposos en el vínculo matrimonial, declarando dicho vínculo indisoluble desde el momento en que éste se establece válidamente (Cfr. Mt 5,32). Jesús es muy contundente respecto al respeto profundo con el que debemos guardar la dignidad del matrimonio, pues surge de unas condiciones naturales con las que Dios dotó al hombre y a la mujer, para darle a esta alianza entre los esposos las características de fidelidad e indisolubilidad que posee por sí misma.

Jesús también hoy hace notar las sombras que arroja el pecado del hombre sobre esta comunión definitiva  a la que Dios destinó la unión entre los esposos. En el tiempo de Moisés –dice Jesús en este trozo del Evangelio que hemos escuchado- llegó a ser tal la situación entre los esposos cuando el corazón se endurecía, que no le quedó a Moisés otra cosa que darles permiso de despedir a la mujer, dándole una acta de divorcio, en la que se tenían que exponer los motivos por los que se enviaba fuera a la mujer.

Aquí permítanme hacer una digresión histórica para explicar que en la época de Moisés y todavía en la de Jesús, la mujer no tenía derecho a pedir esa separación que permitía Moisés debido al endurecimiento del corazón, sino solamente el hombre era el que podía pedir el divorcio. Está situación era, sobra decirlo, sumamente desventajosa para la mujer.

Los especialistas de la Biblia señalan que había razones muy absurdas que se aceptaban como causa de divorcio, como el que la mujer dejara quemar la comida, o estuviera afectada por algún hongo que le causara un mal olor en sus pies. Por tal razón el acta de divorcio era una protección para la mujer, en orden a rehacer su vida. Es más, Jesús señala en el Evangelio, respecto al divorcio que se decretaba contra la mujer, y se le echaba a la calle, que quien esto hacía se ponía en entredicho ante Dios, porque estaba exponiendo a su esposa al adulterio (Cfr. Mt 5,32).

A todas estas irregularidades y abusos Moisés tuvo que darle solución dentro de la unión matrimonial, porque la mujer tenía derecho a una protección. Sin embargo, Jesús viene a devolverle al matrimonio la base firme que originalmente Dios le puso, es decir, la común dignidad del hombre y la mujer: “Desde el principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer” (Mt 19,4; Cfr. Gn 1,27) afirma él. Por ello los dos forman la comunión de dos personas en un solo ser, donde entre ambos existe una sola dignidad y desde ella, construyen el único proyecto común del matrimonio.

La familia, fundamento para la construcción de un mundo justo

También en la familia y desde ella, por sí mismos y a través de los hijos, los esposos contribuyen al proyecto común de toda la familia humana, que es poblar la tierra, cultivarla y engrandecerla en los valores del amor, de la justicia y de la paz, de la solidaridad y la fraternidad. Ellos continúan colaborando en el proyecto de la creación y de la redención, para que  las potencialidades humanas y los recursos naturales que existen en el planeta, se pongan al servicio de quienes lo habitamos, mediante la colaboración generosa de todas y todos.

Quiero aclarar que tomo en cuenta aquí una visión que trata de ser integral, de cómo hoy las familias están constituidas en México, pues un alto porcentaje de ellas están incompletas. Hay muchas mujeres a cargo de la manutención del hogar en el país, sea porque son viudas, sea porque sus esposos han emigrado en búsqueda de un salario más digno, sea porque son mujeres abandonadas a su suerte por sus respectivos esposos, o porque son madres solteras llegadas a esa condición por diversas circunstancias. Los cálculos que hacen quienes manejan el tema de la familia concluyen que poco más de una tercera parte de las familias de México, están sostenidas y son conducidas por una mujer.

También hay muchos huérfanos, que transcurren su vida en instituciones que tienen la intención de suplir las carencias que en este orden están padeciendo. Por otra parte están los niños y las niñas que viven en familias homoparentales. Por esas criaturas y por quienes les acogen como padres o madres, también tenemos que dar cuenta ante Dios como Iglesia y como sociedad. No podemos cerrarle el corazón a ningún ser humano, porque todas y todos somos hijas e hijos de Dios, y no existe persona humana que no tenga necesidad del apoyo de una familia.

La Reforma Federal del Trabajo, Atentado Criminal contra la Familia

La sublime misión de la familia que hoy nos presenta el Evangelio, contrasta con lo que en estos momentos está pasando en las Cámaras de Diputados y Senadores del Congreso Federal, con la aprobación de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, pues el tema laboral es fundamental para garantizarle un verdadero y auténtico progreso a la nación, por medio de la protección que ofrecen las garantías de un salario digno y justo a cada una de las familias de los mexicanos. En la revisión y modificación a esta Ley están comprometidas las cúpulas empresariales de México y todos los Sindicatos.

Es inmoral y hasta criminal lo que se intenta aprobar en las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, pues se están abriendo las puertas a la injusticia en la contratación laboral, eliminando los límites a las horas de trabajo, para no pagar horas extras; permitiendo la contratación por horas, para no permitir hacer derechos de antigüedad; facilitando al patrón el despido de las y los trabajadores, sin derecho a defenderse, porque desaparecen los contratos de planta, y solamente habrá contratos temporales; impidiendo la democratización de los sindicatos para anular los derechos laborales que deben ser custodiados por verdaderos sindicatos y no caricaturas sindicales al servicio de los empresarios.

Otro mal que trae consigo esta pretendida Reforma es que está admitiendo la subcontratación sin poner ningún control, esto por medio del outsourcing. También esto lleva consigo anular la posibilidad de la filiación sindical, de negar el derecho de antigüedad y manipular de una manera más fácil la negación a la seguridad social. También la subcontratación facilita a las empresas el camino para negar las condiciones seguras, adecuadas y humanas que llevar consigo un trabajo digno. De la Ley Federal del Trabajo desaparece el Capítulo referente a enfermedades y riesgos profesionales.

En resumen, con estas reformas a la Ley Federal del Trabajo, se propicia una inestabilidad tremenda para las y los trabajadoras, a quienes se les arrebata el derecho que tienen a un trabajo estable. Los trabajadores solamente tendrán derecho a contratarse temporalmente, y tendrá derecho a ser recontratado si mantiene un determinado nivel de productividad y siempre a base de contratos temporales. Todo este esfuerzo de parte del trabajador para mantenerse en un trabajo aceptando trabajar más tiempo, pone en riesgo su salud, y aumenta los riesgos de accidentes de trabajo por cansancio.

Todas estas modificaciones van dirigidas según dicen los empresarios y los legisladores, con el apoyo de los sindicatos inmorales, a garantizar la productividad. Pero lo que no se dice que es la productividad a la que se refiere es la que hace ganar mucho dinero a los empresarios, a base de salarios de hambre, de negación de las prestaciones laborales, y con la imposición de más horas de trabajo, sin pago de las horas extras.

Todo esto abarata los costos en la producción y permite mayor ganancia a quien produce. Por ello la productividad que tanto pregonan, tiene como objetivo principal el disfrute de ganancias pingües para los accionistas y los dueños de las empresas. A los trabajadores se les prepara una esclavitud peor de la que ya están padeciendo, trabajar cada vez más horas, por menos dinero.

¿Ganando productividad, mediante la anulación de la persona humana, esperan detener la violencia y la criminalidad en el país? Con esta reforma a la Ley Federal del Trabajo están preparando una situación peor para nosotros. Gran parte de la violencia que vivimos se la debemos a este disparate que provocan las políticas públicas y las de los empresarios, que es la desigualdad descomunal que crece cada día, donde cada vez más pocas personas se hacen millonarias, y cada vez se convierten en miserables, más millones de personas.